Juan Hernández Herrerías

Juan Hernández Herrerías nació en Abla el 4 de mayo de 1911. La villa de Abla forma parte, junto a Fiñana y la Abrucena, del alto del río Nacimiento: las alpujarras almerienses y los paisajes de Sierra Nevada. Su casa era de piedra seca y pizarra, muy humilde. En un lugar áspero e inhóspito, a una hora del pueblo: poca vega y algunas chumberas trazando el camino. Así fue su aprendizaje por la vida. Jornalero, con inquietudes sociales, y escuela nocturna después del trabajo en el campo. Por eso se afilió joven a la Sociedad de Agricultores Socialistas.

Después llegaron las elecciones legislativas de febrero de 1936 y el Frente Popular ganó en la provincia de Almería, con más de 51 % de los votos. Los resultados fueron cuestionados por las fuerzas de la derecha: nada nuevo. La conspiración que ya se fraguaba desde el advenimiento de la II República, se materializó meses más tarde. No faltó financiación para el golpe militar ni tampoco aviones de Hitler y Mussolini para transportar a “las tropas moras de Franco”, tal como recordé evocando a Lina Òdena. 

Juan, con 25 años, fue uno de los voluntarios de Abla que ayudó a sofocar la rebelión militar en Almeria. En noviembre de 1936 se incorpora al Batallón Almería, adscrito al 5º Regimiento de Milicias Antifascistas (en su mayoría campesinos y afiliados de la JSU y del sindicato UGT) que forman en Jaén la 24ª Brigada Mixta. Después conoció muy de cerca el significado de la batalla del Jarama. Fuego y sangre, “El más castigado sin duda fue el Batallón Almería, por el número de bajas documentadas”, afirma el profesor Antonio Santos, autor de Historia y Memoria de la 24ª Brigada Mixta del Ejército Popular de la República formada en Jaén. Juan, llega herido a Tarancón, junto a voluntarios de las brigadas internacionales de Inglaterra, Bulgaria, Estados Unidos, Francia e Italia. Los hospitales son bombardeados con bombas incendiarias, tal como escribe la enfermera norteamericana Mildred Rackley. Más tarde se incorpora a la 129ª Brigada Internacional. La defensa de Aragón y de los puertos de Morella, donde alcanza el grado de capitán, le marcarán para siempre después de la derrota republicana: cárceles y represión. Nuncá más regresaría a Abla. Murió en Terrassa en 1964, tenía 53 años. Fiel a su compromiso.

Hemos querido rescatar esta historia y dejar su huella en Almansa Juan Hernández Herrerías, en la Asociación Cultural Pablo Iglesias y en el CRAI, Biblioteca del Pavelló de la República, SIDBRINT, para que su memoria no se borre de la historia.

También por los nietos y nietas de las gentes republicanas, nacidas en el exilio, a quienes el Tribunal Supremo niega, ahora, en las elecciones del 29-N su derecho a voto, vulnerando la Constitución.

“Estos que ves ahora maltrechos, sin afeitar, sucios, cansados, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides hijo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que de verdad se han alzado, sin nada, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido. Estos que ves, españoles rotos, derrotados, heridos, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides”, escribió Max Aub en Campo de los almendros.

Combatir la ignorancia y preservar la memoria también es un acto de afirmación democrática.

Domènec Martínez García

Nota: Este artículo fue publicada en Libreopinante el dia 18 de obtubre, con el título De jornalero a capitán.

Adjuntamos PDF de la publicación Juan Hernández Herrerías.


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